Pacto de no competencia post contractual o no concurrencia:
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Pacto de no competencia post contractual o no concurrencia

Pacto de no competencia post contractual o no concurrencia

Pacto de no competencia post contractual o no concurrencia

Cuantos nos hemos encontrado con el candidato “estrella” que no podemos dejar escapar. Aquella persona que va a dar la vuelta a la cuenta de resultados de nuestra empresa. Esa persona a la que vamos a desvelar los “secretos más oscuros” de nuestro sector. Quien conocerá de primera mano el “Know How” de nuestra organización.

Como no podría ser de otra manera, se nos pasan por la cabeza todo tipo de pactos y blindajes para que el candidato nos venda “su alma”. Sin embargo, no nos percatamos de que estos “cortejos” pueden tener consecuencias a largo plazo una vez se pase el periodo de “ensimismamiento” y se nos vayan las mariposas del estómago.

Uno de estos pactos, quizás el más utilizado, es el de no concurrencia o no competencia post contractual.

¿Cuáles son los problemas del Pacto de no competencia post contractual o no concurrencia?

Este pacto es un dolor de cabeza de abogados laboralistas, sobre todo cuando nos los encontramos a “toro pasado”.

Es un pacto redactado incluso a veces por el mismo candidato. Candidato sobre el cual pensamos en ese momento, que el día que se vaya de la empresa fichará por la competencia y será nuestro fin. O creará una empresa clonando el conocimiento y buen hacer que nosotros hemos aglutinado a lo largo de 25 años de supervivencia en el sector. (Aunque esto, muchas veces está alejado de la realidad, verdad?)

Y al cabo de un año de haberle contratado (en el mejor de los casos) nos damos cuenta que no es nuestro “amor verdadero” y tenemos que despedirlo. 

Y digo en el mejor de los casos, porque en el caso de que “nuestra media naranja” se quiera tomar un año sabático, podría no tener más que comunicarnos su baja voluntaria señalando que en el próximo año no va a trabajar para ninguna empresa de la competencia. Y, además, podría solicitarnos que le abonemos una anualidad de su salario a “toca teja” o en “cómodos plazos” mensuales.

Llegó el divorcio, y en todo divorcio se sufre, más aún cuando tienes hipoteca, y ya no digo hijos.

¿Y qué pasa si, como empresarios,  decimos que no a todo esto?

Aquí es donde entra la “clausula de no concurrencia o competencia”, y en ese momento ya no vale el “pues ahora no te la pago por que me da igual que te vayas a la competencia” o dicho de otro forma DONDE DIJE DIGO, DIGO DIEGO, también llamado el desistimiento unilateral de empresario.

¿Por qué?

Porque estos pactos como regla general, sólo se pueden dejar sin efecto por acuerdo entre las partes como reza el artículo 1256 del código civil.

 

¿Que tenemos que tener en cuenta a la hora de aventurarnos a firmar una clausula de estas características?

Lo primero analizar si es necesaria, y si el profesional que vamos a incorporar realmente nos puede hacer “daño” el día que se vaya o le “vayamos”, por que en el 90% de los casos este supuesto no se da.

Lo segundo es, igual que el legislador, no firmar pactos en caliente, sobre todo cuando pueden ser contraproducentes a futuro en periodos de” celo” de talento.

En tercer lugar, “si vis pacem para bellum”, o lo que es lo mismo, prepararnos para cuando llegue lo peor y tengamos que hacer o no efectiva esa clausula de no concurrencia.

Por supuesto es importante delimitar la retribución de dichos pactos de no concurrencia. Esta compensación ha de ser “adecuada”, nada más y nada menos. Y debe ser abonada a lo largo de la relación laboral. Bien dentro del propio salario bruto anual del candidato o al final de la relación laboral. Esta circunstancia suele “escocer” más.

Y sobre todo, antes de actuar, deberíamos ponernos en manos de un buen abogado laboralista el cual detectará los riesgos actuales y futuros y la pertinencia de este tipo de cláusulas. Sobre todo, partiendo del necesario interés industrial o comercial inherente, y condición “sine quam nom” de las mismas. Interés que debe de existir no sólo en el momento de la firma del pacto, sino a lo largo de toda la relación laboral con el candidato “estrella”. Más aún al finalizar esta relación.

Lo dicho, y para resumir,

  • con las clausulas de no competencia, no vale el “donde dije digo, dije Diego”
  • “si vis pacem, para bellum” o ponte en lo peor.
  • 9 de cada 10 experiencias con este tipo de cláusulas generan problemas, así que no las implantes sin un buen abogado laboralista.
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