| 4 min | David Martín

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El 28 de diciembre, como bien saben, es el día de los Santos Inocentes, cuyo origen responde al episodio bíblico que narra la masacre en Belén, ordenada por el rey Herodes ‘El Grande’ para deshacerse de Jesús de Nazaret.

Paradójicamente, nosotros celebramos esta jornada con la tradición de hacer y recibir bromas sin derecho alguno al pataleo. Sin ir más lejos, yo llevo cayendo durante dos años consecutivos en la misma inocentada de la mano de uno de mis queridos ahijados… y es que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra.

Pues este último 28 de diciembre, como si de una inocentada se tratara, se publicó en el BOE el Real Decreto-Ley 8/2023, por el que se adoptan medidas para afrontar las consecuencias económicas y sociales derivadas de los conflictos en Ucrania y Oriente Próximo, así como para paliar los efectos de la sequía. Ahí es nada. Norma tediosa donde las haya: 149 páginas de decreto en los minutos de descuento, con una exposición de motivos de 50 páginas, en plena Navidad y con una entrada en vigor, eso sí, automática.

¡Menuda broma! Casi 100 artículos con todos sus sacramentos: con disposiciones adicionales, transitorias y finales, que entre las diversas materias que abordan -y no hay más que remitirse al variopinto título del Real Decreto- se nos plantean, una vez más numerosas novedades en materia laboral. Entre ellas, el aumento de un 5% de la base máxima de cotización, la subida del Mecanismo de Equidad Intergeneracional a empresas y trabajadores al 0,7%, la modificación de los incentivos a la contratación previstos para la sustitución de personas trabajadoras que disfruten de descansos por nacimiento y cuidado del menor, o la determinación de la cotización en el sistema de Seguridad Social de los alumnos que realicen prácticas formativas o prácticas académicas externas incluidas en programas de formación… y nos lo tenemos que envainar, como si de una inocentada se tratara, y sin derecho alguno al patateo, porque es 28 de diciembre.

Otra vez Herodes, perdón, el Ejecutivo, vuelve a tropezar con la misma piedra, y sigue sembrando, a base de decretazos, la inseguridad jurídica en el ámbito de las relaciones laborales, reformando, prorrogando o modificando lo que ya estaba reformado, prorrogado o modificado…

En fin, espero que, a ustedes, los Reyes Magos les hayan traído un abogado laboralista. Si no, ya saben dónde nos tienen.

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