| 5 min | David Martín

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Y ¿Por qué empezar la digo yo, ¿para qué se van a hacer las cosas como Dios manda? casa por el tejado? Porque precisamente esto es publicar en el BOE del pasado martes las bases de cotización —eso sí, con el aumento del 5% de la base máxima de cotización hasta los 4.720,5 euros mensuales— sin haber ratificado aún el salario mínimo interprofesional con su publicación. Todo esto en un afán de elevar cuanto antes los ingresos del sistema de la Seguridad Social, que luego ya estarán los abogados, asesores y demás profesionales del gremio para «picar piedra» y solucionar lo que se podía haber evitado.

Y es que no ganamos para sustos desde que el pasado 12 de enero desayunáramos con el anuncio del secretario de Estado de Empleo, D. Joaquín Pérez Rey, sobre el acuerdo entre gobierno y sindicatos — que no patronal— para aprobar en 2024 una subida del 5% del salario mínimo interprofesional (SMI). Almorzamos posteriormente con el incremento hasta el 0,7% del mecanismo de equidad intergeneracional —en el caso de los autónomos lo soportaremos «a pulmón»— que reportará el próximo año unos ingresos a la Seguridad Social de 3.702 millones de euros (ahí es nada). Finalmente, llegó la sobremesa con la confirmación de que la inflación había cerrado el mes de diciembre en el 3,1%. No, no ganamos para sustos.

Todos los años, en torno a estas fechas, los empresarios, trabajadores y laboralistas estamos un poco revolucionados. Pendientes, sobre todo, de la inflación. Y esto es así porque la mayoría de los convenios colectivos siguen «fiando» la revisión de los salarios a esta tasa. O, lo que viene siendo en román paladino, al IPC.

Este dato es vital para las expectativas de los trabajadores en su afán de mantener su poder adquisitivo. Y también para las previsiones de costes de las empresas, reflejadas en sus presupuestos, y ya no digamos para su competitividad.

No olvidemos que estas revisiones salariales pueden llevar a la «muerte» a algunas empresas, más aún cuando recientemente hemos visto incrementos de más del 10%, como ha ocurrido con el convenio colectivo de granjas avícolas o con el de la industria química.

ADDIT está a disposición de las empresas que se vean obligadas a «neutralizar» estos aumentos salariales. Somos expertos en estrategia empresarial y en aplicar mecanismos —como el de la compensación y absorción, o la inaplicación del convenio colectivo (anteriormente mal llamado descuelgue salarial)— que mantendrán a flote la «cuenta 640» y dejarán todo esto en un «mal sueño».

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