| 5 min | David Martín

zapatero a tus zapatos

El pasado jueves 14 de marzo, como si del desembarco en Normandía se tratase, nos llegaron a Addit por tierra, mar y aire ―o, lo que es lo mismo, por correo electrónico y diversos mensajes al teléfono― consultas relativas a si el Tribunal Supremo había considerado que los 15 minutos de cortesía de llegada y el tiempo de desayuno eran valorados como tiempo de trabajo efectivo.

Fue el día de los “cuñados” que saben de todo y también de los medios que, con titulares engañosos (por no decir sensacionalistas), intentan atraer al lector y darle carnaza para debatir en el café de media mañana. Tienen que ser luego los asesores y abogados ―¡como si no tuvieran suficiente con las ocurrencias del día a día de nuestra Ministra de Trabajo!― los que en última instancia enmiendan la plana y aclaran a todo “perro pichi” que no hay que quedarse en el titular, sino ir al “caso concreto” de la sentencia. Sentencia en cuestión, del Tribunal Supremo, la cual alude a una compañía del sector bancario donde existía un acuerdo de empresa del año 1991, en el que se consideraba como tiempo de trabajo efectivo las pausas de desayuno y que consideraba tiempo de trabajo efectivo ―para determinadas categorías profesionales― el del “marcaje” efectuado en los 15 minutos posteriores a la hora pactada de inicio de la jornada. Acuerdo que la empresa, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, intenta pasarse por el “arco del triunfo”, justificando tal felonía en la implantación del registro obligatorio de jornada.

Y es que esta sentencia no dice nada que no se haya dicho antes por la Sala Cuarta; y, menos, que el sistema de registro de jornada pueda servir para introducir cambios en las condiciones de trabajo o desconocer derechos. Esta sentencia no altera la norma general de que el tiempo de descanso para bocadillo no computa como tiempo de trabajo efectivo ―salvo que se pacte lo contrario― y de que la persona trabajadora debe estar en su puesto de trabajo a la hora de iniciarse la misma, según lo marcado en los cuadrantes de trabajo u horarios. Así que todos tranquilos.

Y es que, en el ámbito jurídico laboral, ya no solo es que no hay nada “blanco o negro” ―y mis compañeros de armas me entenderán― sino que cinco son los dedos de la mano y no hay dos iguales en un entorno profesional donde cobra sentido la famosa expresión de José María García: “Ojo al dato, señores”. Pues eso, antes de dar un titular que pueda llevar a engaño… ojo al “caso concreto”. Y, en caso de duda, pregunten a los laboralistas: para eso estamos.

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