| 7 min | Joaquín Peralta

Inseguridad Jurídica

Si no se aclara el Tribunal Supremo, como se va a aclarar el pueblo llano

Norberto Bobbio, jurista, abogado, filósofo y politólogo italiano del siglo pasado, describió la seguridad jurídica como

«la certeza que tienen los ciudadanos de que sus acciones están reguladas por leyes estables y previsibles y de que estarán protegidos por el Estado en el cumplimiento de sus derechos y, por lo tanto, se configura como un elemento basilar para la convivencia pacífica y el desarrollo económico de una sociedad»

Leyes estables y previsibles...

Y usted, querido lector pensará, otro que viene a hablarme de la ley de solo sí es sí. Pues NO. Ya ha habido suficiente ruido con ella. Le voy a mostrar un ejemplo mucho más cercano a sus obligaciones diarias.

El pasado doce de enero nuestro Tribunal Supremo, estableció que los intereses de demora abonados a los contribuyentes tienen carácter de ganancia patrimonial en el IRPF y deben integrarse en la base imponible general. Hasta aquí no tendríamos problema alguno, si no fuera porque, previamente, en enero del año 2020, este mismo tribunal, concluyó ¡justo lo contrario!

A mayores, un dato que no es de menor importancia es que, ambos fallos han venido acompañados de voto particular, lo cuál significa que no había acuerdo completo en el tribunal, y que es posible que, en el futuro, vuelva a cambiar de criterio.

Ante esta situación, la incertidumbre, por no decir la inseguridad jurídica de los contribuyentes, es máxima.

¿Qué hago? ¿declaro los intereses de demora en mi futura renta de 2022?

Si no los he declarado en años anteriores, siguiendo el primer criterio del Tribunal Supremo, ¿regularizo mi situación?
Y, por último, ¿qué ocurre si no lo hago? ¿me sancionarán?

Algunos asesores fiscales han opinado que son casualidades de la vida, que justo en el mo-mento en que la AEAT tiene que hacer frente a muchos pagos de intereses de demora por el despropósito del modelo 720 (la famosa declaración sobre bienes y derechos situados en el extranjero), el criterio cambia, y, ahora sí, toca tributar por la percepción de dichas cantidades. Hacienda siempre gana, como el casino.

No quiero con este artículo analizar la razón detrás de ambas sentencias, ni ver cuál es la más acertada.

Mi objetivo es poner un ejemplo de la dificultad a la que nos enfrentamos los contribuyentes para cumplir con nuestras obligaciones tributarias (si no se aclara el Tribunal Supremo, como se va a aclarar el pueblo llano). Esperemos la tercera sentencia que dé car-petazo a este asunto dándonos cierta seguridad jurídica y que nuestros legisladores, y aquellos que los interpretan, se aclaren, para poder aclararnos nosotros