| 8 min | Jose Carlos Alvárez Jiménez

10 claves para obtener financiación para tu empresa

Winston Churchill, político británico recordado por su mandato como primer ministro durante la II Guerra Mundial, dijo a mediados del siglo pasado que

“Muchos miran al empresario como el lobo que hay que abatir; otros lo miran como la vaca que hay que ordeñar y muy pocos lo miran como el caballo que tira del carro”

Comparto esta opinión cada vez que entro en Twitter y veo los mensajes que se lanzan contra figuras como Juan Roig o Amancio Ortega, o cuando leo con tristeza comentarios indicando que los empresarios se dedican a explotar a sus trabajadores, a defraudar impuestos y hacer que el núcleo de la tierra gire en sentido inverso.

Y este tipo de mensajes se están dando en un momento, el actual, en el que lo peor de la crisis no ha pasado.

Nuestro crecimiento económico actual, no es crecimiento. Por mucho que nuestros ministros (y ministras) nos digan que España crece al 5%. Nuestro PIB no ha llegado al nivel de la prepandemia y, de hecho, usando el deflactor disponible en Eurostat en el último trimestre de 2021, el PIB real estaría en los 1.087.245 millones de euros, a muy poca distancia de los 1.072.079 millones de euros de PIB nominal de 2010.

Es decir, desde 2010, la economía española apenas ha aumentado su PIB en términos reales. O, dicho de otra forma, lo que ha impulsado el auge del PIB que nos intentan vender sus señorías, ha sido el repunte de precios, no un aumento de la producción.

Además, nuestro porcentaje de paro es altísimo (incluso con la nueva semántica que utiliza el gobierno) y el esfuerzo fiscal de España está en el top 5 mundial(acorde con el índice Frank, que mide los impuestos que pagamos los que pagamos impuestos)

Si a esto le sumamos la inflación que estamos acumulando, nuestra pérdida de poder adquisitivo ronda el 15% en los dos últimos años.

Y, entre todos estos datos, que no son buenos, nos ponemos a tirar piedras al que realmente tira del carro, al empresario. Al empresario, que crea empleo, al empresario que crea riqueza, al empresario que pone en riesgo su patrimonio para sacar adelante su sueño profesional a la vez que saca adelante a su familia.

Decimos que mienten, que explotan, que defraudan, cuando, en la mayor parte de los casos, los empresarios y las empresarias de nuestro país, son personas íntegras, trabajadoras y se dejan la piel para hacer crecer su empresa, porque saben que, cuanto más grande es una empresa, más estabilidad genera para sus empleados y en general para el entorno en el que se asienta (proveedores, clientes y sociedad en general).

Como dice un empresario al que me une una gran amistad,

“ya no digo que nos ayuden, solo pido que nos dejen trabajar”

Dejemos trabajar al caballo, pues es quien nos sacará a todos de la situación en la que estamos.