| 8 min | Jose Carlos Alvárez Jiménez
Inflación viene de inflar
El gobierno no puede darte nada sin quitártelo antes". Esta frase atribuida a Milton Friedman encapsula a la perfección la trampa en la que nos encontramos cuando hablamos de la inflación en España. La ilusión de que una inflación a la baja significa precios en caída es un espejismo. Los precios que tanto han escalado se quedarán allí, como un invitado no deseado que no se quiere ir de la fiesta. Y es que la inflación es, más que una simple subida de precios, la tasa ala que estos suben. Cuando decimos que la inflación está bajando, en realidad solo estamos diciendo que los precios suben más lentamente, no que van a retrocede.
El verdadero culpable detrás de esta inflación es la política monetaria expansiva que se ha aplicado en los últimos años. Ante las crisis, la opción que nuestros gobernantes han elegido ha sido inyectar grandes cantidades de dinero en la economía. Y a más cantidad de algo, como cualquier empresario sabe, ese algo vale menos. Así, aunque los índices de inflación empiecen a mostrar signos de moderación, el dinero en nuestros bolsillos ya ha perdido gran parte de su valor de compra (solo tienes que pensar qué haces con 10 euros en el bolsillo ahora y lo que hacías hace 4 años).
Para las empresas, este escenario es especialmente desafiante. La inyección de dinero creó una demanda artificial, elevando los precios a niveles insostenibles. Ahora, con una inflación en descenso, se podría pensar que esos precios volverán a su cauce natural, pero la realidad es que los costes de producción, ya inflados, no bajarán. Las materias primas, los salarios, los alquileres, etc., siguen siendo tan caros como antes, pero con la diferencia de que la moneda que tenemos, el euro, vale cada vez menos.
Este ciclo vicioso ya tiene consecuencias en sectores como el turismo. En el verano de 2024, diversas regiones turísticas de España han experimentado una caída en el consumo debido a la pérdida de poder adquisitivo. En Andalucía, por ejemplo, se registró una disminución del 11,5% en el turismo nacional en comparación con el año anterior. La combinación de inflación y olas de calor ha llevado a una reducción en el gasto turístico, a pesar de que el número de visitantes internacionales aumentó ligeramente.
En definitiva, la inflación es como un fuego que, una vez desatado, es difícil de controlar sin que deje cenizas a su paso. La inyección masiva de dinero nos ha llevado a precios más altos y ha socavado el valor de nuestra moneda.
Para las empresas, este entorno hace que buscar la eficiencia utilizando herramientas como el control de gestión se convierta en algo imprescindible para asegurar su supervivencia.