| 9 min | David Martín

la-crisis-de-los-50

Tranquilos, este artículo no trata sobre las peripecias de quienes ya hemos 'dado la vuelta al jamón', ni sobre la andropausia o el miedo a envejecer. Tampoco se centra en la impulsividad o la necesidad de transformación... aunque, pensándolo bien, quizás de estas dos últimas sí.

Pero sí vamos a hablar de temas trascendentales, aunque en este caso, trascendentales para las empresas. Antes, muchas compañías se enorgullecían de superar la barrera de los cincuenta trabajadores; y ahora están acomplejadas, o, mejor dicho, “acongojadas” de dejar de ser “pequeña empresa” por el elenco de obligaciones laborales que se les viene encima. Y es que no es lo mismo tener 49 trabajadores que 50.

Una pena, porque cada día más empresas venden su alma al diablo para evitar llegar a este 'número maldito' que implica asumir una serie de obligaciones legales: implementar los ya conocidos planes de igualdad, establecer un canal interno de denuncias (obligatorio a partir de 51 empleados), garantizar que al menos el 2% de la plantilla esté formada por personas con discapacidad —o aplicar las correspondientes medidas alternativas—, y, desde el pasado 10 de abril, contar con un protocolo LGTBI. Y pobre del empleador que no cumpla con estas exigencias tras superar este umbral: además de enfrentarse a las sanciones de la Inspección de Trabajo y Seguridad Social, podría perder bonificaciones en la contratación, subvenciones o incluso el acceso a determinadas licitaciones públicas.

Pero no se puede vivir perpetuamente con la espada de Damocles sobre la cabeza, especialmente en un país con casi 3 millones de pequeñas y medianas empresas, que representan el 99,8% del tejido empresarial y generan el 62% del empleo. No podemos permitirnos tener miedo a crecer y transformarnos, sobre todo cuando ya se ha superado lo más difícil. Y es que no olvidemos las obligaciones que para autónomos y empresas recoge nuestra legislación laboral a partir de que se contrate al primer trabajador: protocolo contra el acoso, registro de jornada, protocolo de desconexión digital, calendario laboral, acuerdos de trabajo a distancia (cuando aplique) y, a partir de dos trabajadores, el registro retributivo.

Y digo que ya se ha pasado lo peor porque lo realmente complicado es hacer frente a este elenco de prebendas laborales con los escasos recursos de los que disponen autónomos y microempresas que están empezando a contratar, y que no tienen el músculo o la estructura con la que cuentan las medianas empresas. Para ilustrarlo, pónganse ustedes a implementar un protocolo contra el acoso laboral cuando se emplea a una sola persona... se acordarán de estas líneas

¡Ah! Y no se nos olvide la última iniciativa de la Ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, que, aprovechando la esperada reforma de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, impondrá nombrar un delegado de prevención, incluso en las empresas con un solo trabajador. Este tipo de medidas, al igual que en el supuesto del protocolo de acoso, puede dar lugar a situaciones kafkianas.

Por lo tanto, y haciendo un guiño a los cincuentones, como decía el capitán Frank Furillo en Canción triste de Hill Street: tengan cuidado ahí fuera, pero no miedo. Cuidado, porque es necesario desde el momento en que se contrata al primer trabajador; pero no permitan que el miedo les frene a la hora de crecer por encima de los cincuenta empleados porque para acompañarlos en este tránsito está Addit, y no solo desde la perspectiva laboral —por supuesto—, sino también desde la estratégica y organizacional, áreas quizás aún más importantes, si cabe, para garantizar su éxito.

Hágame caso: hay que saber «pagar». Y recuerden, si no lo hacen ustedes, lo harán sus competidores.

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