| 7 min | Jose Carlos Alvárez Jiménez

profesionalizar tu emprea es una buena idea

Henry Ford, pionero de la industria automotriz, afirmó: “Reunirse es un comienzo, permanecer juntos es un progreso, y trabajar juntos es un éxito”. Esta frase cobra especial sentido en el ámbito de la empresa familiar, donde el equilibrio entre tradición y evolución es clave.

Según datos del Instituto de Empresa Familiar, en España, las empresas familiares representan el 85% del tejido empresarial privado y el 70% del PIB. El 65% de ellas son de primera generación (fundador), el 25% de segunda (hermanos) y el 9% de tercera (primos). Sin embargo, enfrentan un reto crítico: solo una de cada tres supera la transición a la segunda generación, y aún menos logran llegar a la tercera.

¿Por qué mueren estas empresas?

Porque no son capaces de adaptarse e innovar. Su continuidad depende, sobre todo, de su capacidad para evolucionar, y en ocasiones, precisamente por su carácter familiar, la innovación en este tipo de organizaciones está limitada.

El mayor enemigo de la empresa familiar es el solapamiento entre los ámbitos familiar y empresarial. Confundir roles y responsabilidades —como mezclar el corazón con la razón, o el patrimonio personal con el corporativo— genera tensiones y decisiones que no están alineadas con la sostenibilidad del negocio.

Profesionalizar no significa reemplazar la esencia familiar, sino establecer un modelo de gestión con procesos definidos que fomente la transparencia, el desarrollo del equipo (tanto perteneciente a la familia como externo) y la visión a largo plazo.

¿Cómo saber el nivel de profesionalización de una empresa familiar?

Atendiendo a los procesos que tiene implantados: ¿Hay un plan estratégico empresarial/familiar? ¿Tiene las decisiones descentralizadas? ¿Tiene un organigrama? ¿Las funciones y puestos de trabajo están definidos y delimitados? ¿Ha diseñado un comité ejecutivo que se reúne semanalmente? ¿Tiene un presupuesto anual para la empresa en el que se basa para la toma de decisiones? ¿Trabaja con una política de recursos humanos definida?

Si tiene estos procesos implantados, está más profesionalizada. Si no, quizá sea el momento de empezar a plantear la profesionalización para abrirse al cambio.

Profesionalizar la empresa familiar es una inversión y no es un proceso sencillo ni inmediato, pero sí indispensable. Como gestores, debemos tener la valentía de dejar a un lado los prejuicios, aprender de los mejores y apostar por la excelencia. Porque una empresa bien gestionada no solo garantiza la estabilidad de sus empleados y la riqueza de su entorno, sino que también honra y perpetúa el legado de quienes la fundaron.

¿Estás dispuesto a dar el paso para asegurar el futuro de tu empresa familiar?