| 7 min | Jose Carlos Alvárez Jiménez

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El sector agroalimentario supone un 5,8% del PIB español, que se convierte en un 11% si se incluyen todas las actividades de la cadena alimentaria. Si hablamos de Castilla y León, conforme con los datos del Observatorio sobre el sector agroalimentario de las regiones españolas de Cajamar, este sector aportó 7.275 millones de euros al valor añadido bruto (VAB) de castilla y león en 2020, lo que supone el 7,4 % del VAB agroalimentario nacional y el 14,3 % del VAB regional. Además, generó 144.998 empleos, el 6,4 % del total del sector en España y el 15 % del empleo regional.


Además, la industria agroalimentaria ha demostrado su capacidad para adaptarse a la crisis del COVID y mantener el crecimiento de sus exportaciones. Con todos estos datos que te muestro querido lector, a primera vista puede parecer que nuestras industrias agroalimentarias ganan dinero, aunque solo sea por la cantidad de negocio que mueven.

Pero ¿y si en el fondo no fuera así?

Un error que cometemos habitualmente cuando nos preguntamos cómo le va a una empresa es mirar la evolución de su facturación y utilizarlo como un indicador de un buen desempeño.

Si factura más, ganara más ¿no? Pues no.

Si medimos la salud económico-financiera de la empresa únicamente por una evolución creciente de la facturación año sobre año, estaremos cometiendo un grave error que puede comprometer la sostenibilidad futura de la empresa. Hoy más que nunca, necesitamos hablar de caja. Necesitamos hablar de cuánto dinero realmente se está quedando en mi bolsillo. Y para saber esto no podemos mirar únicamente a la facturación ni podemos utilizar únicamente la información que nos pasa el contable cada trimestre cuando presenta los impuestos.

Necesitamos medir indicadores de rentabilidad por producto, de rentabilidad por cliente, de la evolución real de nuestra tesorería, del coste financiero que estamos soportando por nuestros préstamos. Y necesitamos hacerlo casi en tiempo real, porque todo, últimamente, sucede muy rápido.Vivimos una era en la que disponemos de muchos datos, procedentes de distintas fuentes (de nuestro sistema de facturación, de nuestro sistema de contabilidad, de nuestros clientes, de nuestros proveedores).

Y si pudiéramos tomar decisiones que incrementaran nuestra rentabilidad y nuestra caja utilizando todos esos datos de los que ahora disponemos. Y si dispusiéramos de herramientas (como Power BI por ejemplo) que nos ayudaran a transformar todos esos datos en información para nuestra toma de decisiones diaria.

Seríamos unos ingenuos si, sabiendo que existen y estando a nuestra disposición, no utilizáramos estas herramientas en nuestro beneficio
¿no crees?