| 9 min | José Carlos Alvárez Jiménez
“Si no lo puedes medir, no lo puedes mejorar”, decía Peter Drucker. Y cada vez que releo esta frase me viene a la cabeza la misma escena: una reunión con un empresario que lleva más de 15 años al frente de su empresa, que trabaja duro, que conoce bien su producto y a su equipo… pero que, cuando le pregunto si está ganando dinero, se encoge de hombros.
— “No lo sé exactamente, José Carlos, pero como hay caja… supongo que vamos bien.”
Esta escena, por desgracia, no es la excepción.
En la mayoría de las pymes, la información contable está al servicio de Hacienda, no del empresario. Y, mientras tanto, el empresario toma decisiones con la intuición, con el banco como termómetro y con el resumen trimestral del asesor como brújula.
Eso, hoy, ya no es suficiente.
Vivimos en un entorno que cambia rápido: precios que suben, clientes que exigen más, márgenes que se estrechan. Y, paradójicamente, tenemos más datos que nunca: ERP, CRM, Excel, contabilidad, bancos, registros de jornada, sistemas de ventas… pero seguimos sin saber lo que de verdad importa.
Paso 1: ver claro tus números.
Aquí es donde empieza el cambio. No se trata de tener más datos, sino de verlos bien. De tener, en una sola pantalla, la facturación, la rentabilidad y la tesorería, de forma visual, sencilla y sin tecnicismos. Verde si va bien, ámbar si hay que vigilar, rojo si hay que actuar.
Herramientas como Power BI nos permiten conectar toda esa información dispersa y convertirla en algo útil. Porque el dato aislado no sirve. Lo que sirve es la foto completa. Y que esa foto te hable.
Paso 2: saber qué hacer con ellos.
Ver claro es el primer paso. El segundo es entender. Detectar qué productos no están dejando margen. Saber si puedes asumir una inversión. Entender cómo evolucionará tu caja los próximos meses. Recibir un informe mensual con dos o tres ideas claras, no veinte folios que nadie lee.
Y, aun así, hay decisiones que uno no debería tomar solo.
Paso 3: decidir acompañado.
Hay momentos en la vida de una empresa en los que el empresario necesita más que datos. Necesita criterio. Necesita apoyo. Necesita tener a su lado a alguien que conozca sus números, que le ayude a pensar, a decidir y a avanzar con seguridad.
He visto cómo cambia la mirada de un empresario cuando sabe que no está solo al decidir y tiene a su lado a alguien con el que contrastar decisiones clave.
Drucker tenía razón: lo que no se puede medir, no se puede mejorar. Pero déjame añadir algo más: lo que no se entiende, no se puede liderar. Y lo que se decide acompañado, se decide mejor.
¿Tú estás liderando tu empresa... o sobreviviendo al trimestre?