| 8 min | José Carlos Alvárez Jiménez
Una nota previa: con este artículo no pretendo posicionarme ni a favor ni en contra de las políticas de Donald Trump. Simplemente, voy a extraer lecciones desde la perspectiva del control de gestión y la estrategia empresarial.
Bajo mi punto de vista, uno de los elementos más destacables de su éxito es su capacidad para detectar y capitalizar tendencias sociales. Su mensaje, orientado hacia una parte del electorado que siente que las instituciones tradicionales no atienden sus necesidades, demuestra cómo identificar puntos de dolor y convertirlos en oportunidades.
Quédate con este término: puntos de dolor. En el mundo empresarial, esto equivale a comprender a los clientes mediante análisis de datos, segmentación y una evaluación constante del entorno competitivo. Conocer a fondo a tus compradores (sean votantes o consumidores) es clave para diseñar estrategias eficaces de ventas y aplicarlas en tu empresa.
Asimismo, la ejecución de su campaña también es un ejemplo de eficiencia operativa. Trump supo aprovechar los recursos disponibles para maximizar el impacto mediático, combinando mensajes virales en redes sociales con eventos estratégicamente localizados. Llámame loco, pero esto es un claro ejemplo de cómo el control de gestión optimiza recursos, mide resultados en tiempo real y ajusta acciones para cumplir con objetivos específicos.
En una empresa, este enfoque se traduce en el uso de sistemas como ERP (Enterprise Resource Planning o sistemas de planificación de recursos) o BI (Business Intelligence o inteligencia de negocio) para medir la rentabilidad de proyectos, el desempeño del personal y el retorno de la inversión.
Otro aspecto relevante es la capacidad de Trump para manejarse en un entorno de incertidumbre y hostilidad. El control de gestión ofrece un marco para monitorizar indicadores clave y prever riesgos, lo que permite a las empresas actuar con flexibilidad ante las crisis. Este principio es aplicable tanto al manejo de la inflación o la escasez de suministros como a la toma de decisiones bajo presión en el ámbito político.
Para terminar, cómo no hablar de la relevancia de la comunicación como herramienta estratégica. El mensaje de Trump, por más divisivo que sea, conecta con sus seguidores gracias a una narrativa coherente y, sobre todo, emocional. En las empresas, esta habilidad se traduce en la necesidad de comunicar el propósito organizacional, alinear a los equipos y fortalecer la relación con los clientes.
La historia reciente nos muestra que ganar no solo depende de tener una buena estrategia, sino de medir, ajustar y ejecutar con precisión. Justo lo que hace el control de gestión.