| 6 min | Jose Carlos Alvárez Jiménez

¿Y esto que lo paga?

Estoy escribiendo este artículo antes de conocer el vencedor en las elecciones que se celebraron ayer, pero tengo el convencimiento de que el resultado no va a afectar en lo más mínimo a lo que voy a contarles.

Y es que, las elecciones, son esos eventos que nos sumergen en una ola de debates y promesas políticas que tienen un impacto más allá de los límites de la esfera política, puesto que, a medida que se acerca una convocatoria electoral, es común que las empresas experimenten cambios y desafíos que afectan a su productividad.

La incertidumbre política inherente a las elecciones genera un clima de inseguridad que afecta al crecimiento y a la innovación de las empresas, que se muestran reticentes a invertir o expandirse durante períodos electorales.

Además, las elecciones crean un entorno en el que las empresas tienden a postergar decisiones importantes hasta que se aclaren los resultados y se establezca un nuevo panorama político. La falta de claridad sobre las políticas futuras y los cambios normativos potenciales generan una parálisis en la toma de decisiones y ésta puede perjudicar la productividad, ya que se pierde tiempo valioso para ejecutar estrategias y alcanzar metas.

Dicho esto, entonces, ¿cómo podemos evitar que las elecciones impacten en la productividad de nuestras empresas?

No quiero entrar en los tópicos sobre las maldades de la política, por lo que me centro en una solución que puede ayudar a nuestras empresas a incrementar su productividad en estos momentos de incertidumbre (y en otros que pueden darse a lo largo de la vida de una empresa). Estoy hablando de la gestión eficaz del tiempo.

Las herramientas de gestión del tiempo ayudan a optimizar la productividad al permitir una mejor planificación y organización de las tareas y los recursos disponibles y aunque no me extenderé en una exposición detallada de estas herramientas (algo en lo que trabajamos en profundidad en nuestra consultora estratégica), me gustaría hacer referencia a tres de ellas que considero esenciales.

La primera, sin lugar a duda, al menos para mí, es la priorización de actividades: distinguir entre importante y urgente aplicando, por ejemplo, la matriz de Eisenhower.

La segunda sería realizar una delegación adecuada, aprovechando al máximo los recursos disponibles. Y cuando hablo de recursos disponibles no solo me refiero al equipo (que es vital) sino a las herramientas tecnológicas con las que podamos contar para que saquen trabajo adelante.

Finalmente, pero no por eso menos importante, impulsar la cultura de la eficiencia de los procesos en los equipos. Comunicación abierta, metas claras y reconocimiento de logros encaminados a hacer más con menos.

Al final, las empresas las formamos las personas, y si tenemos claros nuestros objetivos, asignadas nuestras prioridades y contamos con un buen equipo capacitado tecnológicamente, nuestra empresa se verá menos impactada por lo que nuestros políticos hagan o dejen de hacer.

Eso sí, considerando que hay un coste del que no nos podremos liberar por mucho que hagamos esto y es que, como muchas otras cosas en nuestro país, la fiesta de la democracia la pagamos siempre los mismos.